El Mundo al Revés: Cuando la crítica importa más que el logro

El Mundo al Revés: Cuando la crítica importa más que el logro

En Colombia vivimos en el mundo al revés. Mientras que alcanzamos uno de los más grandes logros en materia de salud pública de los últimos años, el debate en redes y medios de comunicación está centrado en criticar si el presidente usó mal o no un término, exigiéndole “rigor científico” para minimizar lo trascendental del anuncio que hizo. 

Debe ser por mi formación de médico que tengo la mala costumbre de prestarle más atención a los hechos medibles que al ruido, y en este caso hay un diagnóstico claro: la noticia es la llegada del cargamento de Dolutegravir, el antirretroviral más efectivo en el tratamiento del VIH, a un precio sin precedentes, haciéndolo accesible al grueso de la población que padece esta enfermedad. 

¿Por qué? Porque los efectos prácticos de este medicamentopermiten que un paciente VIH portador pueda desarrollar una vida con calidad y dignidad, pasando a ser pacientes crónicos capaces de alcanzar en promedio los 70 años de vida, una expectativa cercana a la media del colombiano normal, que es de 78 años. 

Esto se traduce en una inhibición de la enfermedad al punto de hacer casi imperceptible su carga viral en la sangre del portador. Y lo mejor, impide el contagio a terceros, ya sea por medio de relaciones sexuales, pinchazos accidentales, o incluso, en el caso de las mujeres, la transmisión al feto durante el embarazo o al bebé al momento del parto o la lactancia, lo que se conoce como transmisión vertical del VIH. 

El logro es masivo, más si contamos con que, el poco acceso a este revolucionario medicamento era carísimo para el sistema de salud. El costo comercial del Dolutegravir alcanza los $410.000 (frasco de 50 comprimidos por 10 mg) pero gracias  a la lucha del presidente Gustavo Petro ante los organismo internacionales que regulan el uso de patentes farmacológicas, se pudieron traer a Colombia las dosis anunciadas a precio de $14.000 el frasco de medicamento. Ello representa apenas el 0,34% del costo comercial. 

La disponibilidad de Dolutegravir a un precio accesible le quita de una vez por todas cualquier excusa a las EPS para no entregar en tiempo y en la dosis necesaria el medicamento más efectivo contra el virus del VIH en este momento. De paso cabe decir que si bien las EPS hacen entrega de antirretrovirales, casi nunca estos son los de vanguardia en el mundo. 

Por eso, un medicamento de este tipo, tendrá un impacto sin precedentes en la salud pública, pues menos transmisión significa menos contagios y menos enfermos, es decir, una menor presión para el sistema de salud. Con esto se podrá hacer mejor uso de la UPC, unos dineros que siempre se asumen insuficientes sin hacer hincapié en la eficiencia de su gasto, con lo que premiamos a un sistema que pareciera promover la enfermedad en vez de hacer todos los esfuerzos necesarios por prevenirla. Así no hay plata que alcance. 

Por último, pero no menos importante, hay que destacar que la negociación de la licencia obligatoria de Dolutegravir por parte del gobierno abre la puerta para que las patentes de este y otros medicamentos esenciales ya no sean exclusivas de las grandes farmacéuticas y puedan ser producidos en el país. Este es el espíritu de la Ley 2386 de 2024, o Ley de Autonomía Sanitaria y Farmacéutica, de la cual fuimos ponentes y coautores, y que es un mandato para diseñar una política pública en esta materia, que busque la colaboración entre la industria extranjera y local en la producción de medicamentos, para que que su distribución al consumidor final tenga precios razonables o pueda ser adquirida a través de su EPS.

Este también es el espíritu de la Reforma a la Salud, la cual sigue en discusión en la Plenaria de la Cámara de Representantes y que es la llamada a extirpar el cáncer de la intermediación (EPS) que ya hizo metástasis en nuestro sistema de salud, el cual tiene que dejar de promover la enfermedad en clave del rédito económico. 

Tenemos que centrarnos en lo verdaderamente importante, y hacer de oídos sordos ante peleas políticas que ponen en primer orden la mezquindad antes del bienestar de los pacientes. Cualquier comentario ligero o impreciso del presidente palidece ante la magnitud de este hito, y sobre todo, ante el cambio trascendental en la dignidad humana de los pacientes VIH portadores.

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